Una triste música resuena en su cabeza, es la canción que tararean las mujeres cuando van a lavar al Sena. Su visión es borrosa, apenas distingue las figuras que le rodean. Enjolras empieza a balbucear y a ponerse nervioso, un agudo dolor le perfora el costado y grita. Una mano cálida le acaricia el rostro y le limpia el sudor de la frente con un paño húmedo. -Shhh, cálmate, ya pasó todo- le dice una suave voz. Enjolras no tarda en reconocer que se trata de Ayla, -¿Ayla? ¿Eres tu? -Enjolras palpa a ciegas el aire en busca de la joven. Ella sujeta sus manos entre las suyas. -¿Qué ha pasado? ¿Y la barricada? El joven se frota los ojos y empieza a ver con claridad, está tumbado en un camastro de madera, semidesnudo, Ayla está sentada a su lado, vestida con una camisa blanca y una falda, y un manto sobre sus hombros desnudos, su larga melena ha desaparecido, ahora los simpáticos y lacios mechones rubios le acarician la nuca. -¿Dónde estoy? ¿Qué le ha pasado a tu pelo? ...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.