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Mostrando las entradas etiquetadas como Asaliah

Palabra de Profeta

Asaliah vigilaba con mano dura a Brandon y a Rose, atrapados en la pequeña cabaña de campo de Dakota del Norte. Brandon abrazaba a su hermana y miraba con desprecio al ángel de alas negras. -Se lo que piensas Brandon Gordon, y esas palabras son muy feas y me ofenden- murmuró Asaliah mientras observaba el funcionamiento de un reloj de mesilla- Lo hago por vuestro bien. Cuando resuelva como robarle la Gracia a los demonios, le quitaré el sello a Rose y volveré a mi hogar. ¿A caso crees que a mi me gusta tener que cuidar de dos simples humanos? Soy un guerrero, no una niñera... Un soplo de viento sorprendió a los chicos y al ángel, la casa tembló y las luces parpadeando. Asaliah conocía lo que sucedía. De repente, en la habitación apareció otro hombre, esta vez muy joven, de apenas unos veinte años, cabello y ojos claros, pero el mismo traje que Asaliah, y con unas radiantes alas blancas, que solo él y Rose podían ver. El de las alas negras se quedó perplejo al observar al nuevo ser c...

Rose y Azrael

Asaliah intentó explicarle a la joven lo que sucedía en el Cielo... -Así que hay una guerra... Y Gabriel, el jefe de tu mando, te dio su "esencia" para que encontrases una arma capaz de vencer los otros dos bandos... Y esa cosa... -La Gracia... -Eso, te trajo hasta mi. -Gabriel más bien se refirió a una flor, la más bonita de todas. Creo que la marca de tu brazo es más bien un sello, guarda algo, quizá el arma de la que me habló Gabriel... Pero para liberarla necesito verterla sobre tu brazo. Después te dejaré en paz, pero de momento me quedaré cuidando de ti. -Alto, alto..- Rose se levantó de la cama donde ambos estaban sentados- No necesito que me cuides, se hacerlo solita, llevo años haciéndolo. No necesito que un ángel de la guarda con las alas de color negro me proteja... -Entonces... ¿las has visto? ¿Has visto mis alas?- Asaliah se acercó mucho a Rose y la tomó por los hombros... En ese momento, Brandon entró a la cabaña y se asustó al contemplar a aquel h...

Rose

Brandon y Rose llegaron a la pequeña cabaña de madera al anochecer. Se trataba de un pequeño refugio en medio del bosque, a penas a unos kilómetros del pueblo donde Brandon trabajaría los próximos meses. La cabaña tenía dos habitaciones, un comedor-cocina y un baño. Suficiente para los dos hermanos. Brandon entró por la puerta, suspirando profundamente con una sonrisa en el rostro y soltando sus bolsas sonoramente en el suelo. -Hogar, dulce hogar. -¿No te encanta esto, Rose?- comentó a su hermana menor, que entraba detrás de él, tímidamente y con una mochila a cuestas... -Me gustaba más el apartamento de Nuevo York, ahí podía salir a la calle, ver gente... Ahora estamos en medio de la nada. Brandon se descalzó y se tiró al pequeño sofá de la casa -No digas tonterías. ¡Esto es vida! Aire puro, el sonido de la naturaleza, no hay pitidos de coches... Y no tenemos que pagar alquiler. Ronald nos presta la cabaña durante los meses que estemos aquí. ¡Es genial! -Si tanto te gusta...

Los Demonios

Asaliah corre entre la muchedumbre para intentar alcanzar el coche viejo y rojo en el que ha subido la muchacha, tropieza con la gente, se disculpa, le gritan, los ignora. De repente, choca contra un hombro robusto con cazadora de cuero, Asaliah ni siquiera lo mira, pide disculpas e intenta seguir adelante, pero el hombretón le detiene sujetándole por el hombro de la chaqueta del traje... El hombre lo arrastra hasta a un callejón donde le esperan otros dos hombres y una mujer vestidos con ropa "underground". -¿Pero mira a quién tenemos aquí?-exclama uno de los hombres jóvenes que les aguardaban en el callejón- Si es nuestro primo de alas negras... -¿Qué haces tú aquí, pequeño bribón?- ironiza la mujer que viste con camiseta de tirantes y pantalones rasgados- ¿A caso eres otro desesperado en busca de Raphael? La mujer, de media melena rubia y labios rojos se acerca a Asaliah, sujeto por el hombre grande y calvo y arrodillado frente a ellos. -Parece que papá está hacien...

Una entre un millón

Una suave capa fría y blanca ha cubierto las calles de Nueva York, las gastadas zapatillas de tela negra resbalan por las escaleras del portal del viejo edificio. Unos vaqueros rasgados, guantes sin dedos, cazadora de cuero gris y una bufanda de lana alrededor del cuello. La melena rubia, lazia y cortada en forma de nube asoma bajo la gorra de la muchacha. Apenas se distingue su rostro entre la ropa. Las mejillas sonrojadas y unos brillantes ojos verdes observan curiosos el panorama invernal de la Gran Manzana. La joven empieza a correr entre la muchedumbre, disculpándose para abrirse paso entre las gentes. Se resbala con el hielo delante de un puesto de café y observa melosa la caliente bebida. Se mete la mano en el bolsillo y saca unas monedas, las mira un rato, luego cierra el puño con fuerza y frunce el ceño. Vuelve a guardar las monedas en el bolsillo e intenta levantarse. Una sombra cubre su rostro, delante de ella se ha parado un chico, alto, rubio y de grandes ojos azules, de ...