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Mostrando las entradas etiquetadas como LasHistoriasDeAyla

El Profesor VII

Era feliz, no recordaba ser tan feliz desde que me casé con Susan. Habíamos dado un paso a nuestra "relación" si se podía llamar así. Ayla era una joven alegre, sonriente, tímida cuando no la conocías, pero capaz de enamorar a cualquiera cuando cogía confianza. No nos veíamos cada tarde, para no levantar sospechas, pero si varias veces a la semana Ayla Hurst picaba a la puerta de mi solitario apartamento y daba vida a esa oscura casa. Hacíamos el amor, creo que en apenas unas semanas lo habíamos hecho ya en todas las habitaciones de mi apartamento. Después ella preparaba café, charlábamos un rato, ella no era demasiado abierta como para hablar de su vida privada, tampoco yo le contaba demasiado acerca de mi. Pero hablábamos, y ella se reía, y yo sonreía. Luego yo me ponía a trabajar y ella a estudiar, en silencio, pero apenas a unos metros el uno del otro. La miraba de vez en cuando, tumbada boca abajo sobre mi cama, repasando los apuntes, mordisqueando la punta del lápiz, ...

La Primavera V: Se ha escrito un crimen

Montana fumaba frente a la ventana de su despacho, en un vano intento de mantener la calma y evitar pensar en el desastre en que se había metido. Reneé Le Renne, no había otro gángster en toda Nueva York que hubiese robado La Primavera... ¡Tenía que ser él! Él mismo Le Renne que había arruinado su carrera de policía, que le había llevado a caer en las sucias garras del alcohol. Reneé Le Renne, el hombre que le había arruinado la vida... El detective asomó la cabeza desde su ventana en el octavo piso, una caída desde allí sería mortal. "Ojala pudiese tirar a ese maldito hijo de puta por aquí" pensó Howard al mismo tiempo que Álex entraba por la ventana echando humo a insistencias de la secretaria de Montana que le pedía que no entrase. Ambos se miraron, hacía varias semanas que no se veían, desde que conocieron que Ayla Hurst era una de las chicas de Le Renne, Montana se había desentendido del caso, no contestaba las llamadas del periodista ni tampoco las de su cliente, aleg...

Ayla y Ren

Ayla despertó por la mañana temprano, cuando la luz del sol entró por las ventanas del Palacio de Cristal de Aylania. Ya no estaba con la resistencia en los Bosques del Oeste, estaba "en casa". Había llegado la noche anterior, custodiada por Obi, como acuerdo de paz entre Hayden y Loki. Ella, la princesa legítima de Asgard se casaría con Ren, el hijo bastardo de Loki, y así se juntarían las dos lineas monárquicas asgardianas que habían traído la guerra al pueblo. La joven se había mostrado contraria a la idea de casarse con un desconocido pero Obi y Aysel la habían convencido alegando que era lo mejor para Asgard. La chica miró a su alrededor, era una amplia habitación, decorada con colores claros, el suelo de mármol blanco y las cortinas rosa crema, con zócalos de oro en las paredes. A Ayla, la decoración le recordó al del Palacio de Dirdam, así que dedujo que se hallaba en los aposentos que antaño habían pertenecido a la princesa Anastasia, su difunta madre. Junto a los e...

Ayden III

Los Winchester llevaron a la joven a su motel. Ayla era una chica buena, no solía irse con desconocidos, pero esos dos chicos le inspiraban confianza, como si les conociera de toda la vida... Hablaron a Ayla sobre la caza, los ángeles y los demonios, sobre la profecía... Pero la chica, más que recordar empezó a asustarse. Monstruos, muerte, pesadillas... Ayden se había suicidado huyendo de ello y ahora querían que regresara. La joven se apartó de la mesa de un salto, con lágrimas en los ojos...  -¡Jamás seré como esa chica, jamás!-repitió en voz alta -Ayden, por favor, te necesitamos...-exclamó Dean -Deja de llamarme así, me llamo Ayla, Ayla Hurst. ¡No soy ni jamás seré Ayden Winchester! Sam se levantó y agarró a la joven por los hombros, mientras la obligaba a mirarle a los ojos... -Ayden, se que estás allí dentro... Por favor, regresa con nosotros. -¡Suéltame!- se revolvió Ayla y retrocedió asustada hasta chocar con un cuerpo. -Sam, déjala.-ordenó Cast...

La Primavera III: La Bailarina

El detective Howard Montana avanzó por el estrecho y oscuro pasillo lleno de fregonas, cubos y basura hasta llegar a una puerta de madera vieja, donde en una estrella de cartón y escrito con rotulado había escrito un nombre: Ayla Hurst. Entró sin llamar, la chica estaba frente al tocador, cepillándose el cabello rubio, ¿rubio? La peluca pelirroja descansaba en un maniquí sobre la mesa mientras la joven se peinaba una media melena rubia y sin ondas. Era una habitación pequeña, decorada con un papel de pared viejo y desgastado de color rosa con motivos florales morados. Había un diván junto a una pequeña mesa de café y un tocador con un espejo lleno de productos de belleza y maquillaje. En un rincón había una barra metálica llena de vestidos colgados. En el suelo había zapatos de tacón y sombreros y boas de plumas de diferentes colores colgados por el pequeño camerino Ayla vio a Montana a través del espejo y se sobresaltó dejando escapar un pequeño aullido. -Perdona, no preten...

La Primavera II: The Wild Lemon

Esa misma noche, Ego llevó a Montana al The Wild Lemon. La noche en Nueva York es fría, Montana vagaba oculto bajo una larga gabardina y su inseparable sombrero. Ego vestía de traje, con un largo abrigo y también con sombrero, aunque no tan elegante como el atuendo de Howard Montana. Llegaron a un callejón oculto entre los rascacielos, el local estaba señalado con un pequeño y luminoso cartel junto a la silueta de una mujer con un traje de baño amarillo limón y con un león agarrándola por el abdomen. Había gente alrededor intentándose colar en el local, la mayoría hombres maduros de aspecto descuidado pero con ropa cara. En la entrada, un gorila trajeado les impedía el paso. Ego y Montana se abrieron paso entre la gente hasta llegar al guardaespaldas. El periodista susurró algo al oído del hombretón y éste le dejó pasar, pero le cerró el paso al detective. -Es un amigo- dijo Ego Alex. El guardaespaldas tendió la mano y Montana acarició en su bolsillo el fajo de billetes qu...

El Profesor V

Me quedé mirándola perplejo, se puso muy seria, más de lo normal. Desapareció aquel misterio que la rodeaba, que la hacía tan irresistible a los ojos de tantos. Solo era una niña, una niña desnuda, apenas cubierta con una sábana, que me miraba con unos ojos grandes y verdes suplicándome. Suplicándome algo que aun no sabía... -¿Te sucede algo? ¿Te encuentras bien?-le pregunté mientras me ponía las gafas -Henry, esto tiene que acabar. Drew me ha hecho ver, me ha hecho ver cosas. No está bien acostarse con el primero que se te insinúa, y mucho menos con un profesor. Hacer el amor, tiene que ser algo muy especial entre dos personas, algo muy bonito... Y entre nosotros no sucede nada Henry, somos dos personas que se acuestan juntas, pero no hacemos el amor. No pienso en ti cuando estamos juntos, es solo sexo. Y me estoy dando cuenta de que no quiero eso, no, ya no... Quiero estar con alguien especial, tener por fin una relación de verdad. Salir a cenar, ir al cine... No se... Cosas así....

La Primavera

1953 CAPÍTULO I: LA VISITA Nueva York, 1952, un oscuro y pequeño despacho y un hombre oculto bajo un sombrero que lo inunda con el humo de cigarrillos baratos... una llamada telefónica y una menuda secretaria... -Su cliente ha llegado -Hágalo pasar... -murmura el hombre quitando los pies de encima de la mesa y recobrando la compostura. Un hombre entrado en los cuarenta, con una abrigo largo y negro y una oscura y espesa barba pasa al despacho y toma asiento delante del otro. Es un hombretón realmente grande, si ha venido a por algo más que negocios nuestro amigo tendrá problemas... -¿Detective Howard Montana?- pregunta el recién llegado con una voz muy grave que recuerda a la de los locutores de radio. -Depende, ¿Quién lo pregunta? El hombre metió la mano bajo el abrigo, pero Howard ya palpaba su 38 que tenía oculta bajo la mesa. El "cliente" sacó una botella de whisky escocés, de un dorado brillante, que resaltaba en la oscura habitación. Howar...