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Mostrando las entradas etiquetadas como La Conjura de Gabriel

Rose y Azrael

Asaliah intentó explicarle a la joven lo que sucedía en el Cielo... -Así que hay una guerra... Y Gabriel, el jefe de tu mando, te dio su "esencia" para que encontrases una arma capaz de vencer los otros dos bandos... Y esa cosa... -La Gracia... -Eso, te trajo hasta mi. -Gabriel más bien se refirió a una flor, la más bonita de todas. Creo que la marca de tu brazo es más bien un sello, guarda algo, quizá el arma de la que me habló Gabriel... Pero para liberarla necesito verterla sobre tu brazo. Después te dejaré en paz, pero de momento me quedaré cuidando de ti. -Alto, alto..- Rose se levantó de la cama donde ambos estaban sentados- No necesito que me cuides, se hacerlo solita, llevo años haciéndolo. No necesito que un ángel de la guarda con las alas de color negro me proteja... -Entonces... ¿las has visto? ¿Has visto mis alas?- Asaliah se acercó mucho a Rose y la tomó por los hombros... En ese momento, Brandon entró a la cabaña y se asustó al contemplar a aquel h...

Rose

Brandon y Rose llegaron a la pequeña cabaña de madera al anochecer. Se trataba de un pequeño refugio en medio del bosque, a penas a unos kilómetros del pueblo donde Brandon trabajaría los próximos meses. La cabaña tenía dos habitaciones, un comedor-cocina y un baño. Suficiente para los dos hermanos. Brandon entró por la puerta, suspirando profundamente con una sonrisa en el rostro y soltando sus bolsas sonoramente en el suelo. -Hogar, dulce hogar. -¿No te encanta esto, Rose?- comentó a su hermana menor, que entraba detrás de él, tímidamente y con una mochila a cuestas... -Me gustaba más el apartamento de Nuevo York, ahí podía salir a la calle, ver gente... Ahora estamos en medio de la nada. Brandon se descalzó y se tiró al pequeño sofá de la casa -No digas tonterías. ¡Esto es vida! Aire puro, el sonido de la naturaleza, no hay pitidos de coches... Y no tenemos que pagar alquiler. Ronald nos presta la cabaña durante los meses que estemos aquí. ¡Es genial! -Si tanto te gusta...

Una entre un millón

Una suave capa fría y blanca ha cubierto las calles de Nueva York, las gastadas zapatillas de tela negra resbalan por las escaleras del portal del viejo edificio. Unos vaqueros rasgados, guantes sin dedos, cazadora de cuero gris y una bufanda de lana alrededor del cuello. La melena rubia, lazia y cortada en forma de nube asoma bajo la gorra de la muchacha. Apenas se distingue su rostro entre la ropa. Las mejillas sonrojadas y unos brillantes ojos verdes observan curiosos el panorama invernal de la Gran Manzana. La joven empieza a correr entre la muchedumbre, disculpándose para abrirse paso entre las gentes. Se resbala con el hielo delante de un puesto de café y observa melosa la caliente bebida. Se mete la mano en el bolsillo y saca unas monedas, las mira un rato, luego cierra el puño con fuerza y frunce el ceño. Vuelve a guardar las monedas en el bolsillo e intenta levantarse. Una sombra cubre su rostro, delante de ella se ha parado un chico, alto, rubio y de grandes ojos azules, de ...

Caos

El pobre y malherido ángel se arrastraba penosamente por el campo de batalla. Sus dos grandes alas negras rozaban el suelo con cada movimiento, a su paso va dejando un rastro de sangre y plumas azabache sobre la arena. En un lugar no muy lejano los ángeles todavía se están peleando entre si... -¿Dónde se ha visto esto? ángeles peleándose contra ángeles...- murmura el guerrero una vez se ha alejado lo suficiente de la guerra. Aunque sea una criatura de Dios... el ángel mantiene el aspecto humano que antaño tuvo su alma. Cabello negro, ojos pequeños y azules, nariz chata y una amplia frente. Unos labios gruesos y rosados y la piel firme y tersa, apenas marcada por algunas marcas de expresión. En sus tiempos, debía ser un hombre muy atractivo, pero ahora sucio y cubierto de sangre, arrastrándose, humillado... Perdía todo el encanto del que habría gozado en sus años de hombre... El ángel se levanto pesadamente sobre una duna de arena y observó el panorama, parecía que ya se había proc...