La joven traumatizada entró llorando en la enorme casa blanca en la que vivía con sus padres en aquel barrio de ricos y burócratas. Dio un portazo al entrar por la puerta principal y sobresaltó a su madre, que se encontraba en el salón cuidando de sus orquídeas... -¿Ayla? ¿Ayla, cielo, qué pasa?- preguntó la mujer asustada al ver a su hija entrar de esa manera en la casa.- ¡Oh dios mio! ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué llevas la ropa tan sucia? ¿Ayla? La muchacha apenas le dirigió una mirada de lástima mientras subía las escaleras a toda prisa y se encerraba en su habitación con cerrojo. Su madre picó a la puerta insistiendo que la dejara entrar, pero la chica se negó. -Estoy bien mamá, de verdad. Pero por favor, necesito estar sola... -Está bien, pero ya hablaremos de este comportamiento tan inmaduro durante la cena, con tu padre. Una futura doctora no puede tener este tipo de rabietas. La escuchó descender por las escaleras, y Ayla (o Ayden) suspiró profundamente mientras abraza...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.