Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como AylaHurst

El Final

Enjolras se paseaba por la habitación con el torso desnudo, andaba deprisa, inquieto, furioso, de vez en cuando se detenía a mirar a Ayla, sentada en un rincón, descalza, con el vestido hecho trizas y el hombro izquierdo al descubierto. Con un paño húmedo se curaba unos rasguños en el pecho, tiñendo el trapo gris a rojo escarlata. Enjolras se acuclilló para colocarse a su altura y la miró a los ojos. Sintió como un puñal se le clavaba en el corazón, su dulce miraba se había inundado bajo un mar de lágrimas y una profunda mancha morada bajo el ojo izquierdo. Enjolras tomó el trapo de la mano de Ayla y lo remojó en el agua y lo aplicó con delicadeza al rostro de la joven. Ella se movía inquieta, mostrando leves muecas de dolor. Él la miraba triste, apenado, la quería de veras... Pero se había dado cuenta demasiado tarde. Le apartó la trenza del hombro y descubrió el sangriento arañazo que alguien la había propiciado. -Esto tiene que acabar Ayla...- dijo Enjolras muy a su pesar- No pued...

Rose y Azrael

Asaliah intentó explicarle a la joven lo que sucedía en el Cielo... -Así que hay una guerra... Y Gabriel, el jefe de tu mando, te dio su "esencia" para que encontrases una arma capaz de vencer los otros dos bandos... Y esa cosa... -La Gracia... -Eso, te trajo hasta mi. -Gabriel más bien se refirió a una flor, la más bonita de todas. Creo que la marca de tu brazo es más bien un sello, guarda algo, quizá el arma de la que me habló Gabriel... Pero para liberarla necesito verterla sobre tu brazo. Después te dejaré en paz, pero de momento me quedaré cuidando de ti. -Alto, alto..- Rose se levantó de la cama donde ambos estaban sentados- No necesito que me cuides, se hacerlo solita, llevo años haciéndolo. No necesito que un ángel de la guarda con las alas de color negro me proteja... -Entonces... ¿las has visto? ¿Has visto mis alas?- Asaliah se acercó mucho a Rose y la tomó por los hombros... En ese momento, Brandon entró a la cabaña y se asustó al contemplar a aquel h...

Los Demonios

Asaliah corre entre la muchedumbre para intentar alcanzar el coche viejo y rojo en el que ha subido la muchacha, tropieza con la gente, se disculpa, le gritan, los ignora. De repente, choca contra un hombro robusto con cazadora de cuero, Asaliah ni siquiera lo mira, pide disculpas e intenta seguir adelante, pero el hombretón le detiene sujetándole por el hombro de la chaqueta del traje... El hombre lo arrastra hasta a un callejón donde le esperan otros dos hombres y una mujer vestidos con ropa "underground". -¿Pero mira a quién tenemos aquí?-exclama uno de los hombres jóvenes que les aguardaban en el callejón- Si es nuestro primo de alas negras... -¿Qué haces tú aquí, pequeño bribón?- ironiza la mujer que viste con camiseta de tirantes y pantalones rasgados- ¿A caso eres otro desesperado en busca de Raphael? La mujer, de media melena rubia y labios rojos se acerca a Asaliah, sujeto por el hombre grande y calvo y arrodillado frente a ellos. -Parece que papá está hacien...

El Profesor VI

Llevaba demasiado tiempo sin verla, y apenas podía concentrarme en dar la clase sin dirigir la vista a la tercera fila y encontrarme con esos curiosos ojos verdes y esos labios carnosos que iluminaban una media sonrisa. Las vacaciones de Navidad se habían cruzado entre Ayla y yo, ella había ido a pasar las fiestas con su padre. No había sabido nada de ella desde entonces, desde que la vi salir de clase un jueves de diciembre, envuelta en un abrigo rosa y con una bufanda alrededor del cuello, cargando con su mochila. Habíamos acordado no comunicarnos durante las vacaciones para no levantar sospechas La noche anterior nos habíamos despedido como a mi me gustaba: desnudos, entre gemidos y orgasmos y con mi boca entre sus piernas. Ahora dominaba yo, y le había dejado tal recuerdo que no se olvidaría de mi durante todas las fiestas. Yo había pasado las Navidades solo, pero no necesitaba a nadie más. Utilicé mis dotes de escritor para escribir un diario sobre mis fantasías con la chica, f...

Ayden III

Los Winchester llevaron a la joven a su motel. Ayla era una chica buena, no solía irse con desconocidos, pero esos dos chicos le inspiraban confianza, como si les conociera de toda la vida... Hablaron a Ayla sobre la caza, los ángeles y los demonios, sobre la profecía... Pero la chica, más que recordar empezó a asustarse. Monstruos, muerte, pesadillas... Ayden se había suicidado huyendo de ello y ahora querían que regresara. La joven se apartó de la mesa de un salto, con lágrimas en los ojos...  -¡Jamás seré como esa chica, jamás!-repitió en voz alta -Ayden, por favor, te necesitamos...-exclamó Dean -Deja de llamarme así, me llamo Ayla, Ayla Hurst. ¡No soy ni jamás seré Ayden Winchester! Sam se levantó y agarró a la joven por los hombros, mientras la obligaba a mirarle a los ojos... -Ayden, se que estás allí dentro... Por favor, regresa con nosotros. -¡Suéltame!- se revolvió Ayla y retrocedió asustada hasta chocar con un cuerpo. -Sam, déjala.-ordenó Cast...

Cosas entre Hermanos

De repente, todo cambió para el príncipe heredero, su padre estaba de vuelta, y desde la llegada de su hermana al templo de la Orden Blanca, el joven Hayden había perdido todo el protagonismo del que había gozado desde su infancia. Apenas conocía a su padre, era solo un bebé cuando la guerra estalló y fue puesto bajo la custodia de la Orden. Asgard había puesto todas sus esperanzas en él, las gentes luchaban por él, por devolver la corona al legítimo heredero, al descendiente de los Fundadores, al único hijo de Thor... Sin embargo, desde la llegada de Ayla al templo, todo había cambiado, ella entendía a las gentes, había crecido entre granjas y campesinos. No la veían como la típica princesa elitista, siempre seria y elegante ante el pueblo. Sonreía, Ayla sonreía, no se avergonzaba de mostrar sus emociones en público, a pesar de las insistencias de su institutriz. Esos pequeños gestos, las sonrisas, las lágrimas, acercaban a Ayla al pueblo, era una más, no un miembro de la realeza que...

Ayden

Dean recogió los dos vasos que la camarera le tendía y le sonrió como solo él sabía hacerlo. La joven se sonrojó. Dean se dio la vuelta y se dirigió a la mesa donde estaba Sam husmeando con su ordenador... Dean le tendió su vaso y Sam lo cogió sin apartar la mirada de la pantalla -¿Encuentras algo?-preguntó el hermano mayor -Nada, ni cortes de electricidad, ni luces muy fuertes, ni pitidos anómalos... Nada de nada, es como si los ángeles jamás hubiesen existido. Dean sorbió café y miró seriamente a Sam... -Pues mira, casi que lo prefiero. Si no hay ángeles podremos volver a nuestra "aburrida" vida de caza... Sam- Dean miró a lo lejos, perplejo, como si acabase de ver un espíritu, o algo peor... -¿Qué pasa? ¿Dean?... -se extrañó el pequeño al ver la cara desencajada de su hermano. Dean señaló con un dedo tembloroso a una mesa del fondo. -Mira esa chica, ¿no te recuerda a alguien? Sam observó a una muchacha rubia que esperaba sentada en una mesa, envuelta en un...

La Primavera III: La Bailarina

El detective Howard Montana avanzó por el estrecho y oscuro pasillo lleno de fregonas, cubos y basura hasta llegar a una puerta de madera vieja, donde en una estrella de cartón y escrito con rotulado había escrito un nombre: Ayla Hurst. Entró sin llamar, la chica estaba frente al tocador, cepillándose el cabello rubio, ¿rubio? La peluca pelirroja descansaba en un maniquí sobre la mesa mientras la joven se peinaba una media melena rubia y sin ondas. Era una habitación pequeña, decorada con un papel de pared viejo y desgastado de color rosa con motivos florales morados. Había un diván junto a una pequeña mesa de café y un tocador con un espejo lleno de productos de belleza y maquillaje. En un rincón había una barra metálica llena de vestidos colgados. En el suelo había zapatos de tacón y sombreros y boas de plumas de diferentes colores colgados por el pequeño camerino Ayla vio a Montana a través del espejo y se sobresaltó dejando escapar un pequeño aullido. -Perdona, no preten...

El Profesor IV

La tomé sobre mi regazo y le bese el pecho, la apreté con fuerza hacia mi mientras me desacía en olas de placer. Le mordí el cuello para sofocar el potente gemido que su cuerpo me había provocad.  Apreté su torso blanco aún más contra mi pecho desnudo y moreno y estallé. Pero ella no, porque ella ya no estaba, la estaba perdiendo y tenía miedo, no, me aterrorizaba perderla. No volver a ver su cuerpo desnudo, acariciar sus pronunciadas curvas, sentir su respiración agitada cuando la tocaba, como se humedecía al contacto con mis dedos... Su sabor, mi lengua en su boca, explorando cada rincón, morder su cuello cuando me excitaba. Explorar sus secretos más íntimos, ese tesoro que ocultaba entre dos sensuales muslos. Había sido de otros antes, pero ahora era mía, y me la querían quitar. Ese chico... ¿qué tiene él que no tenga yo? Se que tiene 23 años menos. Pero yo tengo el don de la experiencia, conozco su cuerpo, se que hacer para contentarla, donde tocar, donde acariciar, donde la...

El Profesor III: celos

Durante las siguientes semanas seguí acostándome con Ayla, ella cada día se habría más a mí... Estaba muy sola, y se sentía muy sola. Yo la quería, la quería para mí. Pero ella, ella solo me hacía el amor y me hablaba... Era su amante y su psicólogo, pero ella no era mía, y yo quería que fuese mía, y solo para mí. Una mañana la vi llegar a clase, con su carpeta y su mochila, como cada día. Miraba el suelo, distraída, evitando las miradas de sus compañeros, de repente un chico alto y rubio tropezó con ella, a Ayla se le cayeron las cosas y ambos se agacharon a recogerlas. Tuve que contenerme para no ir a ayudarla, nadie podía saber que quería que fuese mía... Pero tendría que escarmentar a ese chico, nadie podía tocar a Ayla... Mientras ambos estaban en el suelo el muchacho la miró, soltó la carpeta y se alejó. Ayla se quedó en el suelo, cogiendo sus cosas, con el cabello ocultándole medio rostro. Otro chico con gafas, al que había visto a menudo con ella, se acercó rápidamente cuand...

Ayla entrega a Ioalus

Cuando la joven madre llegó a la granja que le había indicado Eleonor, no encontró a nadie, ni a Iolaus, ni a Brujo ni a nadie... Se quedó paralizada delante del edificio medio derruido, su hijito se revolvió entre sus brazos y Ayla lo meció para que se durmiera... Unas lágrimas le resbalaron por las mejillas. ¿Dónde estará, Iolaus? le preguntó a su pequeño. -En esta granja no vive nadie desde hace tiempo... - dijo una voz a sus espaldas. Ayla se dio la vuelta, le había respondido un anciano mellado, vestido con ropa vieja y apestando a estiércol- Hace muchos años vivía una mujer con su hijo, pero hace mucho que se marcharon... Ayla le dio las gracias mientras unas lágrimas cristalinas le recorrían las mejillas. -¿Te encuentras bien? ¿Puedo ayudarte?-dijo el anciano conmovido -No, muchas gracias- respondió ella intentando sonreír- Es solo que... Estoy buscando a alguien, y esperaba encontrarlo aquí... -Si buscas a alguien, seguramente se encuentra en la boda del Condesa de Or...

El Profesor II

Llamé al timbre, primero segunda, como decía la nota, "¿quién es?" dijo una voz alterada por el micro del telefonillo. No me atreví a contestar, supongo que ella lo sabía y apretó el botón. Subí las escaleras hasta el primer piso y Ayla me abrió la puerta... -Profesor Landom... -susurró -Por favor, solo Henry... -¿Qué haces aquí? -No has venido a clase, ¿estás bien? -Si, si... tenía revisión con el dentista. ¿Cómo has sabido donde vivo? -Tu amiga dejó una nota encima de la mesa que "enviase los apuntes a esta dirección". Ella rió tímidamente - ¿Eso es mío?-señaló la bufanda que llevaba en la mano... -Sí, te la olvidaste el otro día en mi despacho- se la tendí y ella la cogió sin hacer más preguntas -¿Te apetece un café?- tendría que haber dicho que no, darme la vuelta e irme a mi casa como si nada hubiese pasado. Pero estaba allí, devolviéndo una bufanda a una alumna con la que solo pensaba en acostarme con ella. -Por supuesto. Sirvió dos ta...

El Profesor

"¿Por qué no me la quito de la cabeza? ¿Qué me pasa? Llevo años dando clase y jamás me había ocurrido  algo así... Vamos Henry, estás muy solo, solo necesitas un poco de amor, ¿pero por qué de ella? Es una alumna, apenas tiene diecinueve años, ¿por qué te llama tanto la atención? No es la chica más guapa del mundo, sin duda has tenido alumnas más bonitas... Pero su mirada, sus ojos verdes, que me miran, y me dedican toda su atención, a mí, a Henry, 42 años, divorciado, profesor. ¿Por qué me mira de esa forma? Te estás emparanoiando, te mira porque eres el profesor y porque tiene que prestarte atención. Venga, ahora relájate y entra en clase.... Mírala, allí está, sentada en la tercera fila. Ni muy lejos ni muy cerca. Hoy se ha recogido el pelo, pero unos mechones juguetean en su cara. ¡Que bonita es! Ese jersey le queda realmente bien, le resalta el busto. Vamos Henry, céntrate, tienes que dar la clase..." Di la clase con toda la normalidad que pude. Ella escucha y toma apu...

París Destruída

En honor a las víctimas de París, sigue la historia de Ayla y Enjolras justo después de la masacre de julio de 1832. "Los oficiales de Javert han colocado los cuerpos de los estudiantes en línea. La entrada a la plaza de Saint Michel se ha llenado de carruajes, carruajes demasiado lujos para andar por aquella parte de la ciudad. Los familiares de los estudiantes se avalanchan sobre la plaza en busca de sus seres queridos, con la esperanza de que haya sobrevivido alguien. Lamentos, gritos, mujeres que se empapan en sangre abrazando los cuerpos de sus pequeños. La plaza de Saint Michel está totalmente destruida, no queda nada de la barricada de la libertad, se ha manchado con la sangre de aquellos que luchaban por sus sueños. Las balas han acabado con ella, con las esperanzas de un pueblo. Javert observa la escena pasivamente, sus impecables botas descansan suavemente sobre un charco de sangre. Han muerto muchos chicos, y no solo estudiantes, campesinos, artesanos, pobres ciuda...