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Mostrando las entradas etiquetadas como RenèeLeRenne

La Primavera V: Se ha escrito un crimen

Montana fumaba frente a la ventana de su despacho, en un vano intento de mantener la calma y evitar pensar en el desastre en que se había metido. Reneé Le Renne, no había otro gángster en toda Nueva York que hubiese robado La Primavera... ¡Tenía que ser él! Él mismo Le Renne que había arruinado su carrera de policía, que le había llevado a caer en las sucias garras del alcohol. Reneé Le Renne, el hombre que le había arruinado la vida... El detective asomó la cabeza desde su ventana en el octavo piso, una caída desde allí sería mortal. "Ojala pudiese tirar a ese maldito hijo de puta por aquí" pensó Howard al mismo tiempo que Álex entraba por la ventana echando humo a insistencias de la secretaria de Montana que le pedía que no entrase. Ambos se miraron, hacía varias semanas que no se veían, desde que conocieron que Ayla Hurst era una de las chicas de Le Renne, Montana se había desentendido del caso, no contestaba las llamadas del periodista ni tampoco las de su cliente, aleg...

LA PRIMAVERA IV: El Amante

(hace unos meses) El hombre se levantó de la cama sigilosamente, para evitar despertar a su compañera. Se encontraba en un cuarto de motel barato, oscuro y sucio.  Se dirigió al cuarto de baño y se lavó la cara, observó su rostro en el espejo, aunque la penumbra apenas dejaba distinguir su propio rostro reflejado en el cristal. -¿Qué estás haciendo?- una voz femenina y juvenil resonó al otro lado de la habitación. -Ahora voy... -contestó el hombre con la voz entrencortada De nuevo atravesó la oscura habitación y se aproximó a la cama donde jugueteaba la muchacha. Ayla estaba tumbada boca abajo, con la espalda desnuda y la mejilla apoyada sobre sus brazos, sonriéndole. El hombre le acarició la espalda, los brazos y el rostro con cariño, luego se escabulló entre las sábanas y se abrazaron... -¿Cuánto me va a costar esta noche?- bromeó el hombre - Sabes que soy incapaz de cobrarte nada. Lo hago porque quiero.... -Lo se, pero cada vez me resulta más complicado ver como ot...

La Primavera III: La Bailarina

El detective Howard Montana avanzó por el estrecho y oscuro pasillo lleno de fregonas, cubos y basura hasta llegar a una puerta de madera vieja, donde en una estrella de cartón y escrito con rotulado había escrito un nombre: Ayla Hurst. Entró sin llamar, la chica estaba frente al tocador, cepillándose el cabello rubio, ¿rubio? La peluca pelirroja descansaba en un maniquí sobre la mesa mientras la joven se peinaba una media melena rubia y sin ondas. Era una habitación pequeña, decorada con un papel de pared viejo y desgastado de color rosa con motivos florales morados. Había un diván junto a una pequeña mesa de café y un tocador con un espejo lleno de productos de belleza y maquillaje. En un rincón había una barra metálica llena de vestidos colgados. En el suelo había zapatos de tacón y sombreros y boas de plumas de diferentes colores colgados por el pequeño camerino Ayla vio a Montana a través del espejo y se sobresaltó dejando escapar un pequeño aullido. -Perdona, no preten...