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Mostrando las entradas etiquetadas como Javert

El Final

Enjolras se paseaba por la habitación con el torso desnudo, andaba deprisa, inquieto, furioso, de vez en cuando se detenía a mirar a Ayla, sentada en un rincón, descalza, con el vestido hecho trizas y el hombro izquierdo al descubierto. Con un paño húmedo se curaba unos rasguños en el pecho, tiñendo el trapo gris a rojo escarlata. Enjolras se acuclilló para colocarse a su altura y la miró a los ojos. Sintió como un puñal se le clavaba en el corazón, su dulce miraba se había inundado bajo un mar de lágrimas y una profunda mancha morada bajo el ojo izquierdo. Enjolras tomó el trapo de la mano de Ayla y lo remojó en el agua y lo aplicó con delicadeza al rostro de la joven. Ella se movía inquieta, mostrando leves muecas de dolor. Él la miraba triste, apenado, la quería de veras... Pero se había dado cuenta demasiado tarde. Le apartó la trenza del hombro y descubrió el sangriento arañazo que alguien la había propiciado. -Esto tiene que acabar Ayla...- dijo Enjolras muy a su pesar- No pued...

París Destruída

En honor a las víctimas de París, sigue la historia de Ayla y Enjolras justo después de la masacre de julio de 1832. "Los oficiales de Javert han colocado los cuerpos de los estudiantes en línea. La entrada a la plaza de Saint Michel se ha llenado de carruajes, carruajes demasiado lujos para andar por aquella parte de la ciudad. Los familiares de los estudiantes se avalanchan sobre la plaza en busca de sus seres queridos, con la esperanza de que haya sobrevivido alguien. Lamentos, gritos, mujeres que se empapan en sangre abrazando los cuerpos de sus pequeños. La plaza de Saint Michel está totalmente destruida, no queda nada de la barricada de la libertad, se ha manchado con la sangre de aquellos que luchaban por sus sueños. Las balas han acabado con ella, con las esperanzas de un pueblo. Javert observa la escena pasivamente, sus impecables botas descansan suavemente sobre un charco de sangre. Han muerto muchos chicos, y no solo estudiantes, campesinos, artesanos, pobres ciuda...

Los Muelles

Ayla espera en su lugar en los muelles, bajo su barco, como cada noche después de que la despidieran de la fábrica. Pero hoy es diferente, no puede sacar de su mente al joven Enjolras Pontmercy, que cantó para ella y al que casi besa... Se siente avergonzada, engañada, ¿se merece un muchacho de alta cuna ser besado por una prostituta? Cada día se parece más a la escoria con la que trata, cada día se parece más a Éponine, utilizando a los hombres en su propio beneficio, o a Thénardier haciendo  lo que haga falta por un puñado de francos... ¿Es así como es Ayla? ¿Son esos los valores cristianos que le inculcó su madre? La vieja que siempre hace una oferta por el pelo de Ayla esta noche no ha aparecido, la chica se pregunta dónde está, cualquier cosa le puede haber pasado, cada noche ocurre algo en Los Muelles. Pero él si que está, oculto bajo su tricornio y su uniforme militar, se acerca decidido hacia ella. Ayla mira a su alrededor asustada, buscando una ruta de escape. "Hoy no...

El Corazón de Ayla

Ayla tiene el corazón roto, el recuerdo de su hermano sigue demasiado presente en ella. Era su todo, vivía para él, y sin Gavroche Ayla está rota. Su mente le dice que ya es hora de superarlo, el tiempo ha cerrado las heridas, pero las cicatrices permanecen, el simple roce ya le hace recordar la suave risa de Gavroche, sus tiernas manitas, sus preciosos ojos azules, su cuerpecito cálido al que se abrazaba por las noches... Pero el cuerpo de Gavroche se enfría, y se vuelve rígido y pálido, se le escapa la vida con cada ínfimo aliento que espira... "Mi niño, mi Gavroche, ¿por qué has tenido que dejarme sola?" El corazón de Ayla llora, se derrumba, su profunda fe consigue recomponer los cimientos, "Está en un lugar mejor Ayla" le dice la conciencia católica que su madre implantó en ella a muy temprana edad. Pero no es la única que quiere recomponer el corazón de Ayla, los sentimientos hacia Enjolras también están allí, discretamente, en silencio, recogiendo pedacitos...