Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como browntown

S.2. Capítulo I: La Chica del Continente

Habían sido unas largas horas en autobús desde Los Ángeles, pero a los hermanos Brown les produjo cierta sensación de alivio, el hecho de salir de la metrópolis y encontrarse en una vasta extensión de campo: no era la naturaleza salvaje a la que estaban acostumbrados, es más ni se le parecía. No había montañas, ni nieve ni osos, ni siquiera árboles. Solo era un gran terreno de viñedos que empezaban a echar hojas al inicio de la primavera. Tampoco olía como Alaska, aun se notaban los carburantes de los vehículos en el aire y los químicos que les echaban a las viñas. Gabe Brown asomaba la cabeza por la ventana del autobús como un perrito al que sacan a pasear, a su lado, Bear dormitaba utilizando su mochila a modo de cojín: -¡Despierta hermano!-le sacudió Gabey por los hombros-ya casi hemos llegado. Desde que se habían instalado en California, que Gabriel Brown se había vuelto más “cosmopolita” había dejado crecer su alborotado pelo rizado, se había tatuado la cabeza de un lobo en ...

Capítulo XXI: Cartas desde Browntown

CARTA I JUNEAU AK, 09/07/2017 ESTIMADA SRITA HURST, ESPERO QUE HAYA DISFRUTADO DE SU ESTANCIA EN ALASKA Y QUE HAYA OBTENIDO EL MATERIAL NECESARIO PARA SU LIBRO. PARA RESOLVER CUALQUIER PREGUNTA QUE LE SURGA, NO DUDE EN CONTACTAR DE INMEDIATO CON EL EQUIPO DE DISCOVERY. SALUDOS CORDIALES, MATTHEW J. BROWN CARTA II Juneau AK, 09/07/2017 Querida Ayla, Apenas hace unas horas que te he dejado en el aeropuerto y ya te echo de menos. Todos sabían en casa lo duro que era tu partida para mí, así que cuando Gabe y yo hemos regresado al Integrity mi familia me tenía preparada una bonita fiesta de cumpleaños sorpresa. Había adornos en las ventanas y un pastel de chocolate con velas. Durante un largo instante he pensado en guardarte un trozo, porque sé cuánto te encanta. Soñaba en vértelo comer relamiéndote los dedos y en lo adorable que estarías con los labios manchados de chocolate. ¡Dios mío! Lo que daría yo ahora por lamer esos labios. Después he recordado que...