Los Winchester llevaron a la joven a su motel. Ayla era una chica buena, no solía irse con desconocidos, pero esos dos chicos le inspiraban confianza, como si les conociera de toda la vida... Hablaron a Ayla sobre la caza, los ángeles y los demonios, sobre la profecía... Pero la chica, más que recordar empezó a asustarse. Monstruos, muerte, pesadillas... Ayden se había suicidado huyendo de ello y ahora querían que regresara. La joven se apartó de la mesa de un salto, con lágrimas en los ojos... -¡Jamás seré como esa chica, jamás!-repitió en voz alta -Ayden, por favor, te necesitamos...-exclamó Dean -Deja de llamarme así, me llamo Ayla, Ayla Hurst. ¡No soy ni jamás seré Ayden Winchester! Sam se levantó y agarró a la joven por los hombros, mientras la obligaba a mirarle a los ojos... -Ayden, se que estás allí dentro... Por favor, regresa con nosotros. -¡Suéltame!- se revolvió Ayla y retrocedió asustada hasta chocar con un cuerpo. -Sam, déjala.-ordenó Cast...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.