-Ayden, Ayden espera... -dijo Castiel saliendo de la cabaña de Rufus tras la joven que había salido corriendo desde que él había aparecido acudiendo a la llamada de Sam. Ayden estaba sentada con la espalda apoyada en el Impala y los ojos empapados en lágrimas. Cuando Castiel la encontró intentó evitar mirarlo a la cara. La oscuridad de la noche le cubría parte del rostro, pero los verdes ojos brillantes, tan parecidos a los de Dean, delataban que la pequeña cazadora había estado llorando. Castiel tomó asiento a su lado, sin comprender exactamente que le sucedía a Ayden. Ella le giraba la cara, se avergonzaba de sentirse así de mal por una tontería así... Si su padre la viera... Sentía tristeza y rabia a la vez, sentía celos pero compasión. Ni ella misma comprendía ese tornado de sentimientos que revolvía su interior desde que sucedió el incidente con Meg... Castiel le acarició la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. La observó largo rato intentando comprender que le sucedía a ...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.