Cuando la joven madre llegó a la granja que le había indicado Eleonor, no encontró a nadie, ni a Iolaus, ni a Brujo ni a nadie... Se quedó paralizada delante del edificio medio derruido, su hijito se revolvió entre sus brazos y Ayla lo meció para que se durmiera... Unas lágrimas le resbalaron por las mejillas. ¿Dónde estará, Iolaus? le preguntó a su pequeño. -En esta granja no vive nadie desde hace tiempo... - dijo una voz a sus espaldas. Ayla se dio la vuelta, le había respondido un anciano mellado, vestido con ropa vieja y apestando a estiércol- Hace muchos años vivía una mujer con su hijo, pero hace mucho que se marcharon... Ayla le dio las gracias mientras unas lágrimas cristalinas le recorrían las mejillas. -¿Te encuentras bien? ¿Puedo ayudarte?-dijo el anciano conmovido -No, muchas gracias- respondió ella intentando sonreír- Es solo que... Estoy buscando a alguien, y esperaba encontrarlo aquí... -Si buscas a alguien, seguramente se encuentra en la boda del Condesa de Or...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.