Salí corriendo tras Matt por la puerta de madera, iba en tirantes y el frío alaskeño me cortó el cuerpo como si en lugar de a la calle estuviese recorriendo un pasillo de cuchillos afilados. Matt se paró en seco, apenas podía distinguir su silueta, iluminada por las farolas de la pared del bar. -No me lo puedo creer-suspiraba pasándose las manos por el cabello plateado repeinado-Ayla, es mi hermano… -¡No pasó nada, Matt! -¡Os bañasteis juntos! -Estaba enfadada contigo, Matt. Fue hace meses, no hemos vuelto a hablar desde entonces, tú me amenazaste con marcharte… ¡Estaba furiosa! -No, furioso estoy yo ahora.-golpeó un cubo de basura con todas sus fuerzas. Me acerqué a él, pero con la oscuridad casi no podía distinguir las facciones de su rostro, aunque podía imaginármelas casi a la perfección: el rostro congestionado, la mandíbula contraída, los ojos vidriosos y los puños apretados, dilatándole las venas de los brazos. Se acercó para mirarme a los ojos, no era mucho más alto ...
La Grandeza nace de los Pequeños Comienzos.