Ir al contenido principal

Ayden VI

La joven traumatizada entró llorando en la enorme casa blanca en la que vivía con sus padres en aquel barrio de ricos y burócratas. Dio un portazo al entrar por la puerta principal y sobresaltó a su madre, que se encontraba en el salón cuidando de sus orquídeas...

-¿Ayla? ¿Ayla, cielo, qué pasa?- preguntó la mujer asustada al ver a su hija entrar de esa manera en la casa.- ¡Oh dios mio! ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué llevas la ropa tan sucia? ¿Ayla?

La muchacha apenas le dirigió una mirada de lástima mientras subía las escaleras a toda prisa y se encerraba en su habitación con cerrojo. Su madre picó a la puerta insistiendo que la dejara entrar, pero la chica se negó.

-Estoy bien mamá, de verdad. Pero por favor, necesito estar sola...

-Está bien, pero ya hablaremos de este comportamiento tan inmaduro durante la cena, con tu padre. Una futura doctora no puede tener este tipo de rabietas.

La escuchó descender por las escaleras, y Ayla (o Ayden) suspiró profundamente mientras abrazaba un cojín escondida detrás de la cama. Se levantó y se miró al espejo, estaba sucia y manchada de sangre, con el pelo hecho un asco... Si sus padres la veían así durante la cena se enfadarían. Fue al armario y observó su ropa: faldas, jerseys de punto, bailarinas... No se sentía cómoda con nada de todo ese absurdo montón de ropa, ¿de dónde podría sacar unos vaqueros y una camisa? ¿y unas zapatillas de verdad? ¿Cómo iba a cazar con esos zapatitos tan incómodos?
Aunque solo hubiese sido un pensamiento se tapo la boca como si lo hubiese gritado a los cuatro vientos... ¿cazar? ¿Cómo se le ocurría? Inmediatamente después y muy a su pesar cogió una falda negra y un jersey de lana blanco y empezó a cepillarse el pelo frente al espejo y mientras se trenzaba el cabello rubio miró su habitación en el reflejo del cristal: Se trataba de una habitación enorme, con una cama enorme, pintada de rosa y con los muebles blancos. En el tocador había un montón de perfumes, productos de belleza y maquillaje que hasta hacía unos meses apenas conocía de su existencia. Revolvió entre los cajones y encontró un álbum de fotos que le habían regalado sus amigas cuando cumplió dieciséis años, empezó a hojearlo y a mirarse en el espejo mientras comparaba sus rasgos con los de la joven de la fotografía...

-No sois la misma, ¿verdad?- la muchacha se dio la vuelta sorprendida al ver aparecer al ángel en el reflejo del espejo. Se encontraron cara a cara

-Castiel...- susurró

-Tu alma es muy fuerte Ayden Winchester, tienes una esencia poderosa. La alma de Ayla ya no habita ese cuerpo, se marchó mucho antes de que tu lo ocuparas. Tu alma lo siente como suyo, y adapta sus rasgos a los de su cuerpo anterior.

-Eso es imposible...

-¿De veras?- Castiel cogió el álbum que la chica había dejado en el suelo y tomó una de las fotografías, después agarró a Ayla por los hombros y la obligó a mirarse al espejo.- En esta foto veo a una joven rubia, con el pelo liso y los ojos marrones, muy oscuros. Sin embargo, te miró a ti- con toda la delicadeza del mundo le soltó la trenza que se había hecho y dejó que su cabello cayera sobre sus hombros- y veo ondas en tu pelo, rubio, pero con las raíces cada vez más oscuras... Y dos preciosos ojos verdes, capaces de seducir al corazón más frío del Infierno...

Se miraron a los ojos durante un instante, él intentó besarla pero ella apartó la cara.

-Por favor, vete de aquí...

-No entiendo por qué Ayden... ¿Por qué no quieres recordar quién eres?

La joven no pudo más, apretó los puños y estalló en lágrimas...

-¡Porque soy la puñetera Ayden Winchester! Lo recuerdo todo, todo Castiel. Crowley, el ritual para invadir el Cielo, el suicidio, como luchaste contra la parca que quería llevarse mi alma. Lo recuerdo todo. Recuerdo que he visto morir a toda la gente que quiero. He visto a mi hermano volverse adicto con sangre de demonio, caer al Infierno, estar sin alma... Pasar unas pruebas que casi lo matan... He visto a Dean, a mi querido hermano Dean volverse un puñetero demonio, una máquina de matar en el Purgatorio, renunciar a su familia por volver con Sam y conmigo.- entre lágrimas observó el pecho de Castiel, le acarició suavemente y le desabrochó la camisa dejando a la vista sus cicatrices- Te he visto estallar, Cas, te he visto sufrir mucho, renunciar al Cielo, tragarte esos asquerosos leviatanes, casi me matas cuando estabas bajo el control de Naomi. Me diste una paliza increíble, me rompiste todos los huesos del cuerpo- apenas se la entendía porque ya casi no podía soportar el llanto- Recuerdo, con mucho dolor, cuando te vi avanzar hacia ese río, cubierto por barro negro, y perderte en las profundidades. Me metí en el agua hasta la cintura, Dean me retuvo. Quería morirme Cas... No soportaba la idea de perderte, quería morirme.

Se produjo un silencio entre ambos, ahora si que Cas entendía por qué Ayden prefería seguir siendo Ayla. A Ayla Hurst lo peor que le había sucedido en la vida era suspender un examen de matemáticas, Ayden lo había perdido todo: sus padres, Bobby, Kevin, Jo, Ellen... Los había visto morir a todos y a cada uno de ellos.

-¿Lo entiendes ahora?- dijo ella enjuagándose las lágrimas.

-Si- dijo él muy a su pesar- Aún así, no quiero que te quedes con todas las cosas malas que le han sucedido a Ayden... Si quieres seguir siendo Ayla Hurst, adelante, pero Ayden no se merece que la recuerdes así. Ella era alegría pura, amor, vida... siempre dispuesta a ayudar, a hacer lo que hiciera falta para ayudar a los suyos.- Castiel le entregó a la joven la inseparable mochila gris de Ayden, donde llevaba su diario y algunos objetos que habían sido importante en su vida.

Ayden la abrió y empezó a hojear los dos diarios que había dentro: uno era de cuero, de tapas oscuras y viejas, y con las iniciales HW (Henry Winchester) bordadas en una esquina. Era su diario de caza, donde apuntaba todos los detalles de sus cacerías, lo había empezado su padre tiempo atrás y ella lo continuaba siguiendo los pasos de su progenitor, y añadiendo un capítulo muy importante, el de los ángeles. El otro diario era personal, tenía las tapas azules y se lo había regalado Sam por su cumpleaños numero doce, cuando él ya estaba en Stanford. Estaba lleno de fotografías: de niña con sus padres y sus hermanos, con Bobby, en su adolescencia con Sam y Dean, también había alguna foto con el mismo Castiel, serio mientras ellas sonreía a la cámara. Arrancó esa fotografía del diario y la miró más detenidamente. Miró a Castiel a los ojos y él le tomó la mano.

-Antes has dicho que Ayden era vida, sin embargo, todos los que están a su alrededor mueren. No logro entenderlo... ¿De dónde saca tanta fuerza?

Ayden notó el frío contacte del metal en la mano que Castiel le sujetaba, y enseguida reconoció la forma del colgante que le había regalado hacia años para mantener la Gracis que había absorbido bajo control.

- Del mismo lugar de donde la sacan Dean, Sam y yo mismo... De la familia.- le dedicó la mirada de amor más profunda que un ángel jamás había dedicado- Quizá debería haber matizado más, cuando he dicho que Ayden era vida, me refería a que en realidad, ella es mi vida.

Y Castiel se esfumó...

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Primer Dragón

Robbert corrió colina arriba, como un niño pequeño al que su padre le ha regalado un arco nuevo y está deseando probarlo, dejó atrás el campamento militar que el dirigía y se dirigió al pequeño campamento de los jinetes. Subió la cuesta pesadamente, los cuatro dragones que descansaban allí, cerca de sus entrenadores, ya se habían acostumbrado a la presencia del joven guerrero de grandes ojos azules, así que apenas reaccionaron cuando Robbert terminó de escalar la colina. A pesar de la indiferencia de las bestias, los jinetes si que dedicaron una mirada hostil al noble extranjero. Ya hacía un par de lunas que el equipo de Ayla se había establecido en el norte de la isla de Myr, a unas leguas de distancia de Halogala, huyendo de Ingrid y de sus jinetes, al servicio de Svend, quien había tomado Malmö y había obligado a Ayla, Ryden y los suyos a huir apresuradamente de su isla, ocultar quienes eran y negar que pertenecían a la familia Adger. Lis fue herida de gravedad durante la fuga, y m...

Alaskan Bush Cluedo: ¿Quién disparó al oso?

Buen fin de semanas a todos y a todas. Sé que se está haciendo larga la espera de la segunda parte de Nueva York, pero os aseguro que valdrá la pena. Una pista, ¿Recordáis el primer capítulo de Tierra Mojada? Pues la cosa va por ahí... Y hablando de pistas, he querido dedicar unos "minutitos" esta semana a intentar despejar otra de las grandes incógnitas de la novela, y así, que la espera para Nueva York parte II se haga más corta: ¿Quién disparó al oso que atacó a Matt y salvó su vida y la de Ayla? He recopilado todas las posibles pistas que nos dejan caer: Ayla, Matt, Alba, Gabe, Bam... a lo largo de los últimos capítulos. ¿Seréis capaces de descubrir quién fue el heroico tirador? La respuesta la tendréis en: Cartas desde Browntown, el capítulo que seguirá a Nueva York, parte II. ¡No olvidéis dejar vuestra respuesta en los comentarios y compartir el post en Redes Sociales! Comencemos: Estos son los personajes principales que han habitado Browntown hasta el capítulo X...

Maldad

-¿Ayla?-repitió Crowley- ¿Te llamas Ayla?-la joven idéntica a Ayden Winchester asintió con la cabeza mientras se terminaba de maquillar y recorría la habitación inspeccionando los objetos mágicos de Rowena- ¿Quién te puso ese nombre? -Mi padre. -¿Tu padre? ¿Te refieres a John Winchester?-continuó interrogando el otro -No, mi padre no es John Winchester, es el padre de Ayden, pero no el mio... -Entonces... ¿quién es tu padre? -El que me creó.- Ayla se sirvió una copa de licor y bebió sin ni siquiera mirar a los ojos a ninguno de sus dos anfitriones, luego continuó cotilleando los objetos de la bruja- Castiel.- pronunció ese nombre con un golpe seco de voz, fríamente. -¿el ángel te creó? ¿cómo? -No lo se, simplemente nací. No existía y de repente existí. Castiel me dio un nombre y una misión, me dijo que cuidara de Ayden y que no dejara entrar a nadie. Querían hacerle daño, yo estaba allí para impedirlo. -Tú eres la protección del vínculo- concluyó Rowena- el ángel te cre...